FATALIDAD A TU SERVICIO. CAPÍTULO 10. O te mato yo, o te mata mi padre
Debían ser las cuatro o las cinco de la madrugada cuando por fin volvieron a abrir la puerta de aquella suite; Charlie iba adelante, arrastrando los pies como si le hubieran cortado las alas de una vez por todas; y Michael venía detrás mirando a todos lados, buscando a Grace, pero ella ya no estaba en el salón sobre el sofá.
Mitch dejó escapar un suspiro de resignación y se giró hacia su primo, que parecía a punto del colapso.
—¡Charlie, te tienes que calmar!
—¿Calmarme? ¿Calmarme? ¿No la escuc