Aitor desvió la mirada, se aclaró la garganta.
—No puedo, tu tío hace un momento discutió conmigo, si me quedo pondrá el grito en el cielo, ya falta poco para que estemos juntos en nuestra casa, y nadie nos interrumpa —susurró—, más bien descansa, estas discusiones no le hacen bien al bebé.
—Tienes razón Aitor. —Se alzó en la punta de los pies, lo besó, él a regañadientes correspondió con rapidez, se despidió, salió al pasillo, y de la mansión, enseguida fue a donde su joyero de confianza, y