Cuando reaccionó y giró la cabeza para mirar hacia atrás, vio la cara guapa pero desagradable de Alex.
—¡¿Qué...?!
Antes de que pudiera terminar sus palabras, Alex la cargó en el hombro.
—¡Ahhh! —gritó Noa asustada—. ¿Qué estás haciendo? ALEX HERNÁNDEZ, ¡SUÉLTAME!
Alex seguía con cara seria y parecía como si no la hubiera oído. Noa le golpeó pero parecía que no se lo tomaba en serio.
Como no le funcionó lo que hacía, Noa se dirigió a los tres guardaespaldas:
—¡Ayuda! Ya son mis guardaespaldas y