En ese instante, la frialdad de Simón casi congeló a todos los que estaban en la mesa. Sofía, que siempre había sido descuidada y no pensaba demasiado las cosas, notó que algo andaba mal. Miró a Noa, quien se mantenía tranquila, y luego a Simón y se asustó un poco. Parecía que él sentía afecto por Noa. “¿O es solo una ilusión?”, se preguntó Sofía en silencio. Parpadeó un buen rato fingiendo ser una chiquita que no sabía nada.
A Noa le pareció raro y preguntó a Simón, echándole una mirada:
—¿Acas