Laura se acercó con una sonrisa y estrechó la mano del señor Pereira.
—Gracias por darme esta oportunidad de explicar. Bienvenido a mi compañía.
El señor Pereira, de 35 años, miró con sorpresa a la confiada Laura, que apenas tenía veinte años.
No esperaba que la presidenta de esta compañía fuera una joven de poco más de 20 años. Recordando su determinación al hablar por teléfono, no pudo evitar mirarla con aprecio mientras le daba un apretón de manos.
Después de los saludos, Laura guió al señor