Con gran esfuerzo, Shirley levantó la mano y agarró el cortaúñas de la mesa de noche.
'Addy, mamá, papá, Cathy y mi hijo no nacido, voy con ustedes a arrepentirme de mis pecados. Por favor, espérenme...'.
Shirley pensó en su corazón y colocó el cortaúñas en su muñeca. Cerró los ojos y se dispuso a morir.
Sin embargo, cuando estaba a punto de pasar el cortaúñas por su muñeca, la puerta de la habitación se abrió de un empujón.
Shirley abrió los ojos y, a través de sus ojos aturdidos y llorosos