Cuando la maestra vio que Lillian se había detenido, contempló con curiosidad al hombre que estaba de pie frente a la puerta. Entonces se agachó y le preguntó a Lillian con delicadeza: "Lily, ¿conoces a ese hombre? Si lo conoces, asiente con la cabeza. Si no, niega con la cabeza para decírmelo".
Después de que la maestra hablara, Lillian no negó ni asintió con la cabeza hasta pasados diez segundos.
A la maestra le pareció un poco extraño. Ella sabía que aunque Lillian no podía hablar, sí podía