"¡Lana, no quiero tener una hermana como tú!".
Fabián cargó a Lillian en sus brazos, se dio la vuelta y caminó hacia el garaje.
Lillian, que estaba en sus brazos, mantuvo la mirada fija en Jeremy, que la había ignorado.
Sus grandes e inocentes ojos parpadearon ligeramente, pero poco a poco se atenuaron y se cerraron.
Jeremy miró a Lillian, que se dejaba llevar, por su visión periférica. Estaba seguro de que Fabián no le haría daño a ella.
Murmuró miles de disculpas en su interior, pero no p