Capítulo 40: La ayuda de mi marido.
✧✧✧ La mañana del día siguiente. ✧✧✧
El salón del Rey estaba lleno de tensión. La luz gris del cielo entraba a través de las grandes ventanas, cubriendo a los hombres reunidos.
Bertrand Burgot, con su mirada verde y firme, se sentaba en su trono, descansando la mandíbula en el dorso de su mano enguantada, que reposaba en el descansabrazos.
Observaba al Conde Ruwer, ese hombre de cabello castaño y ojos celestes, que se mostraba nervioso y pálido, rodeado por dos caballeros imponentes.