—La verdad… —Serenia tragó saliva con nerviosismo, parpadeando varias veces, no quería hacer contacto visual con ese Rey— Yo… Acepté un trato con un desconocido.
La expresión del Rey Bushlako se volvió sombría de inmediato, bajó sus brazos del espaldar del sofá largo, ahora cruzándolos sobre su pecho, su expresión se tornó gélida y con voz gruesa exigió respuesta:
—¿Y se puede saber qué maldito trato has hecho?, por el gesto en ti, está claro que no es algo bueno.
Serenia retrocedió