El taxi me deja en la puerta de mi casa y cuando entró, escucho la risa de mi adorada Kath, me voy a la cocina y se encontraba cocinando con mi hermano.
—Florecita —llamo su atención y cuando me ve, corre hacia a mi y yo la cargo en mis brazos para girarla.
—¡Viniste! —estaba feliz—. Creí que estabas entrenando.
—Los fines de semana no. —La dejo en suelo.
—Pero es viernes.
—Y pedí permiso, así como tú no trabajarás hoy.
—No pensaba hacerlo aunque debería.
—Hola James —le sonrío—. Gracias