Seis niños pequeños se apiñaban dentro del maletero del auto Mercedes. Adam en la posición más trasera, con la espalda apoyada contra la pared del maletero. Billy a su lado. Chester y Donald amontonados como gatitos. Evan acurrucado en una esquina. Y Flora sentada en medio de todos, su muñeca todavía abrazada con fuerza, su rostro tranquilo como siempre.
—¿Y ahora qué? —preguntó Chester—. ¿Qué vamos a hacer aquí?
—Esperar —respondió Adam—. Cuando venga el dueño del auto, le decimos que estamos