Winston, al escuchar la pregunta, respondió con gusto.
—Ah, eso. Sus diseños son extraordinarios, señorita Windy. En cuanto los mostramos, llamaron la atención de muchas empresas de moda, nacionales y extranjeras. Hubo ofertas altísimas del extranjero. Varias casas de moda internacionales hicieron propuestas muy tentadoras, y Nixon y yo ya casi aceptábamos una.
Windy escuchaba con atención.
—Pero entonces Davin entró con una oferta más alta que todas las demás —continuó Winston—. Y no solo por