Windy levantó la cabeza de su teléfono, y su corazón se encogió al instante, cuando ella vio quién era el conductor de aquel coche.
Nixon.
Otra vez, Nixon. Aquel hombre conducía un Toyota Fortuner y se detuvo justo delante del grupo de Windy.
—Windy, qué casualidad. ¿Por qué estás esperando, al borde de la carretera, con estos niños? —preguntó Nixon, con una expresión llena de curiosidad, mientras sus ojos recorrían a los seis niños, de pie alrededor de Windy.
Windy intentó negarse, rápidamente