Por un momento, muy breve, dentro del coche, que avanzaba por las calles, aquella tarde, hubo una calidez sencilla, entre ambos.
Pero, en lo más profundo del corazón de Windy, su determinación no cambió. En los próximos tres días, ella se iría igualmente, de Davin. Aquella sonrisa, aquella calidez, no eran más que una pausa temporal. No cambiaban nada, de su plan.
—Yo, antes, solo quería resolver un problema —dijo Windy, rompiendo el silencio—. Fui a la antigua oficina, para devolver un dinero.