Windy salió caminando del edificio del Grupo Tanjaya, con pasos aún ligeramente vacilantes. El cuello le dolía muchísimo, cada vez que tragaba saliva, y las marcas del agarre de Davin, que empezaban a amoratársele en la piel, se las cubrió con el cuello de su blusa de seda, ligeramente levantado.
El Doctor Lucky ya se había ofrecido a llevarla a casa, pero Windy lo rechazó, educadamente. Quería estar sola, ahora. Necesitaba tiempo, para procesar todo lo que acababa de pasar.
En cuanto Windy pas