Dentro del coche, que avanzaba en el silencio de la noche, Windy estaba sentada en el asiento del pasajero, con sus dos manos entrelazadas, en su regazo. Davin conducía, en silencio, con la mandíbula tensa y los ojos fijos en la carretera, ya desierta.
Windy lanzó una mirada furtiva a Davin, asegurándose de que aquel hombre estaba concentrado en conducir, y luego sacó su teléfono del bolsillo, con un movimiento muy cuidadoso. Abrió WhatsApp y tecleó un mensaje para la señora Marni, con los dedo