Nixon se quedó de pie, con calma, como si lo que acababa de hacer fuera algo normal. Su sonrisa volvió a aparecer, pero, esta vez, aquella sonrisa ya no podía ocultar la astucia que había detrás.
Windy giró su cuerpo de inmediato y caminó rápidamente hacia la puerta de salida del restaurante. Quería irse de aquel lugar cuanto antes.
Pero la voz de Nixon la detuvo.
—Windy, antes de que te vayas, recuerda una cosa.
Windy se detuvo, pero no se giró.
—El contrato que acabas de firmar es legalmente