Fenita se levantó, con una amplia sonrisa forzada. Le estrechó la mano a Windy un momento y luego salió del despacho. En cuanto la puerta se cerró tras ella y se encontró sola en el ascensor, la sonrisa del rostro de Fenita desapareció de inmediato. Apretó ambos puños con fuerza, hasta que las uñas se le clavaron en las palmas de las manos.
"¡Windy! ¡Maldita Windy!", pensó, con todo su odio. "¿Cómo es posible que una mujer tan baja como ella sea directora de la empresa más grande de este país?