Sasha corre tan rápido como sus piernas se lo permiten, impulsada por un terror primitivo. Cada fibra de su cuerpo clama por descanso, pero no se lo permite. Sus pulmones arden, cada respiración es una tortura, el aire helado entrando por sus fosas nasales parece congelar sus órganos por dentro.
Siente el frío de la nieve bajo sus pies descalzos, la sangre resbalando de pequeños cortes y dejando un rastro rojo sobre el blanco inmaculado. Pero nada de eso importa; lo único importante es seguir a