A medida que avanza y atraviesa las calles, las miradas no solo están llenas de miedo, sino que son hostiles y frías.
Intentó acercarse a una maga anciana momentos atrás, pero lo único que recibió fue un portazo en la cara y un grito de: “¡No te acerques!”
No me están reconociendo.
Piensa mientras sigue caminando, sus músculos protestando por el esfuerzo, los rayos del sol besando su piel por primera vez en tantos años. Quisiera poder disfrutarlo, pero la situación es demasiado grave.
Tal vez s