Mónica se despertó tarde luego de que tuvo su primer día muy agotador en aquella ciudad, se cambió con paciencia, pues no tenía apuro alguno, mientras lo hacía se percató del movimiento de tanta gente en los pasillos quienes caminaban de un lado a otro con gran apuro, por otro lado, observó que Agustin no se encontraba por ningún lado.
Salió tímidamente de la habitación hasta que vio una cara conocida, era Amelia.
— Mi señora.
— Amelia, ¿qué sucede? ¿Por qué hay tanto alboroto?
— Oh, eso es