El hombro de Aidan fue sacudido levemente.
-Aidan, levántate- la voz de Lucian era exigente.
-Cinco minutos más- enterró más su cabeza entre la mullida almohada impregnada del olor del alfa evitando los leves reflejos de sol de la mañana.
-Nada de cinco minutos. Hoy comienza tu entrenamiento. Vamos a correr. Levántate- él le exigió mientras se peinaba el cabello. Ya considerando cortarlo.
Aidan protestó en su garganta y se sentó en la cama con un marcado puchero en sus labios y los ojos cerrado