—¡Desgraciada!
Al terminar la llamada Helen quedó más histérica y enojada que nunca. En su mente hacía culpable a Amanda y sintió que había llegado el momento de sacarla del medio y tomar el lugar que desde siempre le había pertenecido.
Sin pensarlo más fue por sus cosas, pero en el proceso María se percató de su mirada desenfrenada y no pudo resistir y se dirigió a ella.
—¿Está usted bien, señora?
—¡Noooooo! Nada está bien. —gritó como loca —¿Cómo puedes preguntar esa estupidez? ¿Me veo bien?