Su voz sonaba ronca, cargada de pesar. Cerró los ojos un momento y negó con la cabeza.
—Garrett, ya no tengo tiempo para arreglar nada.
Se pasó las manos por el cabello, frustrado. Siempre había tenido el control de todo, pero esta vez lo había perdido por completo.
—Solo queda una semana. Si me fugara con Renata… esa es la única idea descabellada que me queda.
—Respira hondo, Alexander —dijo Garrett, intentando calmarlo.
Lo observó inhalar profundamente.
—Deberías hablar con esa ch