Sintió la palma de Nicolás subiendo lentamente a lo largo de la rodilla, como si una serpiente venenosa se arrastrara sobre ella, provocando una repugnancia y náuseas similares. María, indignada por la humillación, empujó desesperadamente como si estuviera enloquecida.
Sin embargo, sus dos brazos estaban firmemente sujetos sobre su cabeza, sin poder moverse en absoluto. En su desesperación, retorció su cuerpo intentando liberarse de las garras de este hombre sin escrúpulos.
—¡Suéltame!
La opres