Se agachó a recoger el anillo, y, bajo la mirada sorprendida de Asher, explicó con voz firme:
—Esto lo tomaré yo por ahora. Esperaré a que los familiares de la víctima vengan a reclamarlo.
Al parecer algo hizo clic en su cabeza, porque, de pronto, sin decir nada más, Hudson se adentró en la casa, que ya era poco más que un montón de escombros.
Miró el lugar donde había vivido casi siete años, y apretó los labios. En sus ojos había un rastro de confusión apenas contenida.
Observando a sus com