Después de unos segundos fue que Alejandro abrió los ojos, rápidamente se percató de que se encontraba de rodillas en la entrada de su casa y con una mano en el estómago: todo su organismo estaba acelerado, sus pulmones trabajando al máximo y sus pupilas achicadas moviéndose desesperadamente de un lado a otro.
El muchacho podía sentir el sudor caer por su frente debido a algo extraño que acababa de pasar. –¿Pero qué…? –Por un momento había perdido la conciencia, como si el control de su cu