Era una hermosa mañana, con la brillante luz del sol asomándose a través de las cortinas de terciopelo transparente.
Emily aún dormía.
En su frente se notó una irritación inusual, la cual dejó escapar algunas gotas de sudor, parecía que estaba teniendo una pesadilla.
Nadie sabía de sus pesadillas, excepto su Neuróloga y Psiquiatra, y de su Nana, la señora Wen.
Emily agarró su edredón con fuerza, como si su vida dependiera de ello, y gritó —Por... Por favor... Mamá... ¡Detente!— Emily gritó en