Capítulo 121; Para morir, nacimos.
Iker, observó fijamente a Angelo, quién sostuvo la mirada. El ruso pensaba en quién era realmente el hombre que tenía frente a él. Lo conoció como el hombre de confianza del italiano, no podía decir que lo conocía más allá de un saludo, era un hombre parco, reservado, y quizás algo meditabundo, parecía estar siempre al pendiente de todo lo que sucedía a su alrededor, como sis iempre estuiese alerta, sus ojos aunque fríos, evaluaban siempre el entorno.
—Me alegra saber que estás recuperado— di