La perspectiva de Rena
Me puse en pie de un salto y salí pitando hacia el coche de Raymond, avergonzada y sin ni siquiera despedirme de Jena. Ella se rio por lo bajo al verme subir, sabiendo perfectamente que llevaba la cara completamente roja.
Raymond la saludó con la mano antes de meterse conmigo en el auto. Guardé silencio durante la mitad del trayecto hasta que su voz rompió el hielo y devolvió la vida al ambiente.
—Pensé que te quedarías a dormir. ¿Qué te hizo cambiar de opinión? —preguntó