Mis ojos estaban fijos en los de él, le demostraba que no estaba asustada y que, todo lo que yo haría, no se vería influenciado por el miedo. —¿En qué puedo ayudarle? — susurré esbozando una ligera sonrisa, si lograba tranquilizarlo tan solo un poco, no sería tan violento e impulsivo como se esperaba de un hombre en su condición.
—Encuentra a Verónica— sentenció viendo en dirección de su arma. Asentí dándole la espalda.
—¡¿Quién es Verónica?! Así podremos estar todos en paz— grité lo más fuerte