CAPÍTULO 30

ANDREA

Volviendo a mi habitación, cerré la puerta de un golpe y me deslicé contra ella apoyando la cabeza en la puerta sollozando fuertemente. Mis emociones eran visibles a través de mis lágrimas y lo que más sentía en ese momento era dolor.

No era más que una broma para ellos. Deben pensar que soy una desgracia.

En realidad es cierto. Soy una maldita desgracia para todos. Debería irme de su vida. Nunca podría darles ningún tipo de felicidad.

Una pequeña sonrisa apareció en mis labios cuando c
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