Al no tener otra salida para liberar mi frustración, le di un puñetazo a la pared. Y luego volví a golpearla. Durante veinte minutos seguí dándole puñetazos. Sólo me detuve cuando vi más sangre en la pared que paneles de yeso. Miré hacia abajo y me di cuenta de que tenía todo el puño y los nudillos de color rojo. Estaba bastante seguro de que incluso me había roto algún hueso de la mano, aunque en aquel momento no podía sentir nada más que entumecimiento y rabia.
"¿Ya te sientes mejor?", pregun