Yolanda estaba acostada en el sofá cuando llamó a Mariana, quejándose: —¡Oye, señorita Chávez, ¿dónde te metiste?! ¡No te viste en mucho rato!
Justo en ese momento, la puerta se abrió con un chirrido. Levantó la vista y vio a Mariana, que había vuelto a la normalidad, entrando con una sonrisa.
—¡Estrella, ya vengo a quitarte las agujas! —dijo Mariana acercándose, sin mencionar lo que había sucedido afuera.
—¿Y mi sombrero? —preguntó Yolanda, curiosa.
—Me gustó, así que me lo quedé —Mariana inven