El mundo no se acabó cuando yo desaparecí de él.
Esa fue la primera mentira que te enseña el poder: que la visibilidad es existencia, que si tu nombre desaparece de los sistemas, te conviertes en un fantasma. Pero los fantasmas sólo asustan a quienes todavía creen que los muros son reales.
Me desperté antes del amanecer, no con alarmas ni instrucciones encriptadas, sino con los pequeños e impacientes sonidos de Amelia. Del tipo que no eran exactamente gritos, más bien preguntas con forma de a