Punto de vista de Violet
El mundo no cambió con una explosión.
Se movió al reconocerlo.
Eso fue lo primero que entendí a la mañana siguiente de que el Marco comenzara a moverse. No en las sombras. No en amenazas. Pero a la luz. Público. Visible. Calma.
Demasiado tranquilo.
Me paré junto a la pared de cristal del ala este, Amelia dormía contra mi pecho, sus diminutos dedos agarraban la tela de mi camisa como si se anclara a algo sólido. Afuera, el mar estaba apacible, casi burlonamente pacífico. Enzo ya se había ido a la cubierta de seguridad inferior. Helena estaba en su tercera llamada desde el amanecer. La finca estaba despierta, alerta, tarareando con urgencia controlada.
Pero no había pasado nada.
Ese era el peligro.
Cuando el poder quiere atacar, no siempre utiliza la fuerza. A veces utiliza reconocimiento. Te legitima lo suficiente como para controlarte. Pone tu nombre en su boca para que pueda moldear cómo lo escuchan los demás.
María entró silenciosamente, llevando una