Por suerte para Belén, y Gina no era una mujer culta. Esta pensaba, que la joven era una doctora acostumbrada a tener siempre sus cosas, por lo que no le dio demasiada vuelta al asunto.
— Señorita, ¿necesita que la ayude? — preguntó mientras frotaba nerviosa sus manos.
— Tráeme una toalla — respondió Belén luego de introducir las agudas en distinto punto de acupuntura en el cuerpo de Horacio.
De inmediato, Irina tomó una toalla, pensó que iba a ayudar a Belén en el tratamiento, pero, para su