Mundo de ficçãoIniciar sessãoEstaba apoyado en el ventanal de mi habitación que daba al patio trasero, mirando a Minka y a Nadzia jugar.
Me fijo en la hora que es en el reloj que tengo en la pared colgado, hace más de diez minutos, todavía no ha venido a por mí.
Unos suaves golpes en la puerta, hacen que despegue la mirada de donde se encontraba situada para ponerla en la persona que estaba ingresando a mi habitación. Cibor.
—Vamos, no hay tiempo que perder.







