George
Estocolmo, Suecia
Las palabras que habían salido de la boca de mi hija, habían dejado un eco en mi interior, comenzó mi mente a cuestionar todas mis decisiones y comenzaron a atormentarme. Había estado encerrado en el baño privado de mi habitación por más de media hora, las últimas palabras de Ron al colgar la llamada se repitieron de nuevo: “—Solo cuídalas, por favor y no dejes que tu familia las lastime” luego colgó. Me llevé una mano a mi pecho, una opresión creció y creció hasta que