Victoria
Estocolmo, Suecia.
Sentí un escalofrío recorrerme de pies a cabeza, cuando abrí mis ojos, George sonreía, y sí que lo hacía ver tan atractivo y encantador –a pesar de las marcas de las ojeras debajo de sus ojos-. Después de tomar los medicamentos en plena madrugada después de nuestro momento íntimo, se había quedado totalmente dormido, pero yo no de forma inmediata, lo contemplé por casi una hora, hasta que me venció el sueño finalmente.
—Levántate. —ordenó, hice un mohín de no querer