Elizabeth Western
NewYork-Presbyterian
Caminé de un lado a otro rogando a Dios y a mi padre que no les pasara nada a mi madre y a mi hermano menor. Sentí una mano en mi brazo y cuando me detuve levanté la mirada y era mi tía. Su rostro era de preocupación.
—Van a estar bien. —asentí queriendo creerlo.
— ¿Y qué fue lo que averiguaste? —pregunté a toda prisa.
—Fue una embestida, creen que el conductor no frenó a tiempo y…—arrugó su ceño—...y lamentablemente no pudieron dar con él. Se fugó. —la