Gruño furioso por dentro, porque no puedo creer la mala suerte que tengo justo ahora. No fue suficiente lo que pasó con el amigo de Jhoana, que ahora también tengo que lidiar con él. ¡MALDITA SEA MI SUERTE! Inmediatamente me coloco como escudo de mi Luna y reviso el entorno, encontrando al menos diez pares de ojos que me observan desde la maleza y uno puntual que se acerca, dejándose ver por fin.
Cabeza rapada completamente, ojos de escleróticas enrojecidas, piel cenicienta y manchas de sangre