- ¡No te decepciones tanto! Seguro que Lucca también llamará. - Escuché la risa irónica al otro lado de la línea.
- ¿Qué querés?
- I... Escuché lo que pasó. Perdona.
- ¿De qué estás hablando? ¿El hecho de que seré juzgado por tu denuncia?
- Yo no te denuncié, Aime.
- ¡Alégrese, Alteza! Seré juzgada y condenada. Y finalmente estaré libre de la culpa que cargo. Y entonces podrás apoyar la cabeza en la almohada y dormir tranquila, ya que estaré encerrada.
- ¡No he sido yo! - reafirmó ella, lentame