Sebastian se queda en silencio. Está decepcionado y confundido, como todos nosotros.
Él se cubre el rostro y su hermano mayor viene a reconfortarle, Sebastian se mueve y con un gesto de la mano pide un minuto, un solo minuto.
Milo quien nos sorprende.
—Yo no me voy—Grita Milo y las cámaras le apuntan. —Nadie que sufre abuso físico o sexual merece ir al psiquiatra y menos a la cárcel. Es el agresor, el pueblo machista, esta ciudad que nos enseña a decirles a nuestras mujeres, a nuestras herm