“Vámonos antes de que lleguemos tarde”, le digo después de que ambos recuperamos el aliento.
Él asiente con la cabeza mientras su mano se desliza por la mía, donde entrelaza nuestros dedos y me saca de nuestro dormitorio.
“¡Está deslumbrante, señora Harper!”, grita Sierra con la voz llena de alegría cuando me ve.
“¡Sí, mamá!”, añade Lilly, saltando arriba y abajo.
“Gracias, chicas”,
Sierra se irá más tarde porque mañana tiene clases en la escuela. Como ni yo ni Gabriel estaremos aquí cuando