"¿De verdad tienes que ir, mamá?", Lilly pregunta, sus ojos se mueven entre mí y la maleta abierta en mi cama.
Odiaba las prisas de último minuto, pero estos últimos días hemos estado tan ocupados en la oficina, que cada vez que llegaba a casa lo único en lo que podía pensar era en dormir. Estaba muerta de cansancio y no tenía energía para hacer nada más que comer y dormir.
"Sí", le digo en voz baja. "Este es un negocio importante y tu papá tiene que estar ahí para firmarlo...".
"Aún no entie