Gracias a su hermano, supe que ella me quería y eso me dio la mejor arma contra ella. Quería lastimarla, destruirla y causarle dolor por quitarme mi libertad. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que engañarla la lastimaría y así lo hice y me aseguré de que ella lo supiera. Quería que ella se arrepintiera de haber pensado en atraparme. Funcionó y cada vez que la veía, veía el dolor en sus ojos. Sé que eso me convierte en un monstruo, pero me satisfizo ver ese dolor ahí.
“¿Y cómo se