“Ava, ¿podemos hablar, por favor?”, me suplicó mi madre cuando me disponía a irme.
La miré fijamente, sin saber qué quería. ¿De qué había que hablar? ¿Acaso no se había dicho y hecho ya todo?
“No tenemos nada de qué hablar, Madre”, insistí.
Mirando hacia atrás, veía ahora cómo hacía una distinción cuando se trataba de ella y de padre. Mientras Emma y Travis se referían a ellos como mamá y papá, para mí eran padre y madre. Limpios, cortantes y completamente impersonales.
Nunca los reconoc