Hacía mucho tiempo que Diana ya no sentía esa cálida y extraña sensación de ser recordada y cuidada por alguien. Era una sensación que casi había ya olvidado por completo.
Por la tarde.
En Mansiones de Palacios, Carolina llegó con varias cajas de finos bocadillos, todos los favoritos de Sonia.
Sonia la miró con una sonrisa en los labios.
—Carolina, quédate a cenar hoy. Además, te has tomado la pequeña molestia de traerme tantos bocadillos deliciosos. Debo agradecerte como es debido.
—No, abuela,